Jeremy Rifkin dedica buena parte de “The Green New Deal (Why the fossil fuel civilization will collapse by 2028, and the bold economic plan to save life on Earth)” (St. Martin´s Press, New York, 2019) a la financiación que será necesaria para transformar las infraestructuras de las economías más avanzadas (los países más atrasados podrán sacar partido de su falta de desarrollo y, directamente, establecer infraestructuras respetuosas con el medioambiente e inspiradas en la tecnología).

Los fondos de pensiones serán actores cruciales de esta época de transición, al igual que otros grandes inversores como los fondos de inversión o los fondos soberanos (aunque del Plan de Acción de la Comisión Europea sobre Finanzas Sostenibles se desprende la necesidad de involucrar a todos los inversores, incluidos los minoristas).

La implicación de los inversores institucionales, que puede parecer evidente, nos lleva, sin embargo, al terreno de la paradoja, pues resulta que, en palabras de Rifkin, “los trabajadores del mundo” son los propietarios del mayor volumen de capital global en busca de inversión a través de los fondos de pensiones públicos y privados (pág. 141).

Esta nueva clase social mundial posee activos por valor de 41,3 billones de dólares norteamericanos, de los cuales los empleados de las empresas de los Estados Unidos acumulan 25,4 billones. Quién sabe si esta puede ser la razón de fondo que ha movido a la “US Business Roundtable”, presidida por el CEO de JP Morgan Chase, Jamie Dimon, a alinearse con “capitalismo de grupos de interés” (“stakeholder capitalism”)…

Estos fondos de pensiones han amasado una enorme cantidad de capital en las últimas siete décadas, aunque los trabajadores-propietarios no se ven a sí mismos como capitalistas, ni son conscientes de su formidable —pero atomizado— poder de transformación política, social y económica.

Para Rifkin, se trata del secreto mejor guardado de la historia del capitalismo moderno (pág. 141). Sin pegar un tiro, sin lucha de clases, sin huelgas, sin rebeliones ni revoluciones, las posiciones han cambiado, al menos, sobre el papel, y la realidad es que estos millones de trabajadores son la clase primaria capitalista del siglo XXI, aunque ellos mismos no lo sepan (pág. 142).

Si Karl Marx levantara la cabeza podría plantearse, una de dos, que la dictadura del proletariado, como él mismo predijo, está a la vuelta de la esquina, o bien que, atendiendo a la realidad que hemos descrito y a la situación de China, el capitalismo global y total, facilitado por la tecnología, comprensivo de elementos financieros y no financieros, es el que verdaderamente enrasa e iguala.

(Imagen de la entrada de la autoría de Freepik – www.freepik.es)


José María López Jiménez

Especialista en regulación financiera. Doctor en Derecho

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