Jesús Quintero, Cuerda de presos, Editorial Planeta, S. A., Barcelona, 1997, pág. 57.
«La selección de los personajes de la serie fue una ardua tarea, desarrollada a lo largo de varias etapas. En la primera se elaboró una larga lista con el prototipo de los presos que se quería entrevistar: asesinos, atracadores, mafiosos, violadores, estafadores, terroristas, narcotraficantes, ‘cabezas rapadas’, carteristas, pirómanos… De esa lista, que incluía a todos los criminales y delincuentes imaginables, desde los más primitivos a los más sofisticados, se fueron cayendo muchos: unos, como los terroristas o los violadores, porque Instituciones Penitenciarias había puesto la limitación de no tocar casos que pudieran suponer alarma social o apología; otros —como, por ejemplo, alguien que hubiese atracado un banco valiéndose de la informática— porque en aquellos momentos no había nadie en las cárceles condenado por semejante delito».
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