En estos tiempos en los que, en sintonía con las previsiones de un Orwell o de un Huxley, los gobiernos se arrogan la competencia para separar lo veraz de lo inveraz, y en los que la aparente verdad —siempre provisional— reverbera sin posibilidad de contraste en las redes sociales y en círculos más o menos cerrados de pensamiento, resulta agradable —y ayuda a conservar la esperanza en un futuro realmente plural y mejor para todos— encontrar ideas bien fundamentadas, ajenas a las corrientes principales de reflexión, por mucho que uno pueda compartirlas en su integridad o tan solo parcialmente. La diversidad de ideas nos hace crecer, el pensamiento único nos hace diminutos.

Esta es la impresión que queda tras la lectura de “Libertad económica, capitalismo y ética cristiana”, de Martin Rhonheimer (Unión Editorial, S.A., 2017). Le debo agradecer al Profesor Ruiz Ojeda que compartiera este libro en uno de nuestros periódicos y breves encuentros.

Realmente, nos encontramos ante un libro recopilatorio, que orbita en torno al ensayo con el que se abre la obra: «El “malvado capitalismo”: la forma económica del dar». En línea con las libertades de conciencia y de expresión de las que pueden disfrutar los ciudadanos de las sociedades más avanzadas —que, si quieren seguir siéndolo, no pueden limitar de ningún modo estas libertades—, el Profesor Rhonheimer admite su posición ideológica: su “decidida defensa del capitalismo y del libre mercado” y su crítica de “las políticas redistribucionistas y welfaristas”. Y expone su posicionamiento porque, en 2014, escribió este artículo a petición de “una revista española de notable difusión en el ámbito académico y con una clara identidad católica”, cuya publicación, finalmente, se rechazó por el mismo comitente por “razones de prudencia y oportunidad”. Al menos, los honorarios comprometidos sí fueron satisfechos…

Rhonheimer sospecha que el rechazo obedeció al punto de partida de su reflexión, citado anteriormente, lo que le lleva a mostrar su tristeza ante la circunstancia de que, hoy día, “en ámbitos católicos parecen tener derecho de patria tan sólo opiniones críticas o al menos escépticas hacia el libre mercado”, lo que a su vez concuerda con las tesis más generales mantenidas por autores como Thomas Piketty [Rhonheimer cita la obra “El capitalismo en el siglo XXI”, pero no, por evidentes razones temporales, su continuación: “Capital e ideología” (2020)].

A Rhonheimer le preocupa la superficialidad de los análisis en contra del capitalismo y de la economía del libre mercado, lo que conduce a diversos males, en una vertiente práctica, que desembocan en el aumento extraordinario de la deuda pública, y a la omisión de avances como la reducción de la pobreza extrema o de la desigualdad entre naciones, con el hándicap añadido, precisamos, del aumento sostenido de la población mundial en los últimos 75 años.

En contra de lo que el título de la obra pudiera sugerir, la doctrina católica no inunda sus páginas sino que se cita cuando corresponde, casi siempre en relación con cuestiones sociales y económicas de interés general. Obviamente, los creyentes podrán extraer un mayor jugo de algunos pasajes de los diversos ensayos que forman la obra, pero cualquier ciudadano, con independencia de su credo, podrá entender sin dificultad las tesis de Rhonheimer.

Impresiona, de otro lado, la consulta de las fuentes bibliográficas del libro, que muestran la erudición y el dominio por parte del autor de la disciplina económica, aunque se presente a sí mismo como filósofo (como también lo fue Adam Smith, por cierto).

Con esta breve nota simplemente queremos dejar constancia de la obra, sobre la que volveremos posteriormente, en otras entradas de este blog, para prestar atención a alguno de los muchos de los contenidos tratados por el Profesor Rhonheimer: el sorprendente origen, para muchos, del concepto de justicia social, que parte de la Encíclica “Quadragesimo Anno” de Pío XI (1931); la cuestión social y las desigualdades sociales al inicio de la Revolución Industrial; las causas de las crisis financieras de 1929 y de 2008; cómo la economía no es un juego de suma cero, sino que contribuye al aumento del pastel a repartir entre todos; el papel jugado por Juan Pablo II y el valor de la Encíclica “Centesimus Annus”, de 1991, en los años del “Fin de la Historia” y del derrumbe del comunismo y del Telón de Acero; cómo las externalidades negativas deben llevar a reorientar el capitalismo pero no a su supresión; los fallos de mercado; la determinación del rol del Estado y las tesis sobre el gobierno limitado; la libertad responsable y el principio de subsidiariedad como garantía de la libertad —contenido en los tratados constitutivos de la UE pero tomado de la doctrina del Papa Pío XI—; los sesgos antimercado; cómo quienes más critican al mercado también se benefician de él; la función del sector financiero y las consecuencias de la expansión cuantitativa de los bancos centrales; el valor de los incentivos en la economía; la búsqueda del bien común…

Nuestro autor tampoco oculta sus preferencias por el sistema de valores occidental, citando un discurso del Papa Benedicto XVI ante el Bundestag, de 22 de septiembre de 2011: “La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma; del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa”.

Qué lejos queda el Ágora como punto de encuentro para hallar, con el diálogo y la aportación de todos, la verdad, e incluso, además de para el intercambio de ideas, para el de mercancías…


José María López Jiménez

Especialista en regulación financiera. Doctor en Derecho

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