Rebeca García Nieto, “Thomas Bernhard. Las carcajadas —desesperadas— de un hater”, Jot Down, núm. 43, junio de 2023, pág. 15.
“Una pluma tan deslenguada solo podía despertar odio en sus compatriotas. Bernhard contaba con ello (‘los salzburgueses deben de odiarme más que a la peste’), y le divertía. Aun así, también se llevó algún que otro disgusto. En 1984, un antiguo amigo suyo, el músico Gerhard Lampersberg, se reconoció en Tala y lo demandó por difamación. El libro fue retirado de las librerías, pero finalmente Lampersberg decidió retirar la denuncia y volvió a estar a la venta. Antes de eso, en 1972, se había producido el llamado ‘escándalo de las luces de emergencia’. Justo después de su estreno, Bernhard retiraba El ignorante y el demente del Festival de Salzburgo con un telegrama: ‘Una comunidad que no puede soportar dos minutos de oscuridad stop puede pasar sin mi obra stop’. Estaba previsto que, al final de la representación, la sala quedase totalmente a oscuras, pero el director del teatro decidió mantener encendidas las luces de emergencia por razones legales. Ese mismo día, los actores y el director de la obra, con el apoyo ‘al cien por cien’ del escritor, acordaron no volver a representarla si no era como estaba previsto. Como el director del festival no dio su brazo a torcer, las denuncias y contradenuncias por incumplimiento de contrato se sucedieron”.
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