En la búsqueda de la verdad histórica, cualquier acontecimiento debe ser analizado, al menos, desde dos puntos de vista, siempre que, como es obvio, haya una pluralidad de fuentes que contrastar. La fuente única, por no haber más donde buscar o por la impericia del investigador para hallar nuevas vías, aleja más que acerca del conocimiento.

Solo así nos podemos llevar la sorpresa de comprobar, por ejemplo, que la “batalla de Covadonga”, para unos —los hispanos— fue un enfrentamiento glorioso, en tanto que para otros —los árabes— no pasó, en el mejor de los casos, de una escaramuza contra una treintena de “asnos salvajes”.

Por todo ello, merece la pena conocer la visión y la valoración de “los otros protagonistas” en relación con unos mismos hechos, para confirmar lo que dicta la intuición o para poner en solfa los tópicos más extendidos.

El mundo contuvo el aliento en los primeros días de octubre de 2008, coincidiendo con el colapso de Lehman Brothers. En este lado del Atlántico, en Europa, arraigó la concepción de que el origen de todos los males se podía encontrar en la avaricia y en la estupidez de los banqueros de inversión norteamericanos, que fundaron su modelo de negocio en las inestables “hipotecas basura”.

Henry M. Paulson, Secretario del Tesoro de los Estados Unidos que fue en esos días, después de John W. Snow y antes que Timothy F. Geithner, ofrece en sus memorias (“On the Brink. Inside the Race to Stop the Collapse of the Global Financial System”) el relato en primera persona, entre otros muchos acontecimientos, de esos días vertiginosos de octubre.

El 7 de octubre mantuvo una conferencia telefónica con el presidente Bush y con el primer ministro británico Gordon Brown, quien informó de que su gobierno planeaba inyectar capital (500.000 millones de libras) en varios bancos de Reino Unido (entre ellos, Royal Bank of Scotland y HBOS). Brown solicitó el apoyo norteamericano y que el asunto se discutiera en la reunión del G-20, en Washington, programada para noviembre. Previamente a la reunión del G-20 estaba prevista una sesión del G-7 en la capital de los Estados Unidos en el mes de octubre.

Paulson refiere que Europa sufría en esos días, mencionando expresamente la crisis islandesa y sus negociaciones con Rusia en busca de ayuda. También cita la declaración de Angela Merkel del 5 de octubre de 2008, anunciando que Alemania prestaría apoyo a sus bancos y a los depositantes, pero como promesa para generar confianza antes que como un anuncio explícito de acción gubernamental.

Por supuesto, los bancos norteamericanos estaban sometidos, igualmente, a grandes tensiones (particularmente, Citigroup), aunque Paulson muestra dos certezas: la primera, la aversión a la “nacionalización” de bancos y, la segunda, que la ayuda de 700.000 millones de dólares concedida por el Congreso para restaurar el sistema bancario no se iba a ampliar, por lo que habría que optimizar el uso dado a cada centavo.

El 8 de octubre, por primera vez en la historia, ante la magnitud de los acontecimientos, seis bancos centrales, incluyendo a la Reserva Federal, al Banco de Inglaterra y al Banco Central Europeo, redujeron simultáneamente los tipos de interés.

[En el breve preámbulo del Real Decreto 1642/2008, de 10 de octubre, que elevó los importes asegurados por el Fondo de Garantía de Depósitos desde los 20.000 hasta los 100.000 euros, se percibe el nerviosismo generalizado: “Como consecuencia de los acontecimientos que afectan a la economía financiera internacional, Europa está viviendo una situación de graves dificultades de carácter financiero”.]

El viernes 10 de octubre comenzó la reunión del G-7. Entre los asistentes a la misma podemos encontrar nombres y personalidades más que familiares: Axel Weber por Alemania, Christine Lagarde por Francia, Mario Draghi por Italia, Mark Carney por Canadá, Mervyn King por Reino Unido, Jean-Claude Trichet por el Banco Central Europeo o Dominique Strauss-Kahn por el Fondo Monetario Internacional. La evolución -incluso involución- posterior de algunos de ellos, dentro y fuera del mundo político, bancario y de las finanzas, merecería un artículo separado.

Paulson nos cuenta que antes de la reunión fue advertido del malestar de los europeos con Lehman Brothers, a cuyo hundimiento atribuían sus problemas domésticos. Es más, señala que Trichet, en un tono duro, recriminó a los norteamericanos el error de haber dejado caer a Lehman, lo que desencadenó la crisis financiera global. Esta opinión de Trichet fue secundada por los representantes de Japón e Italia.

El Secretario del Tesoro norteamericano admite en sus memorias, no sin asombro, que fue la primera vez en que fue acusado de ser el responsable del hundimiento de otros sistemas financieros y bancos del planeta: “Era obvio que AIG y algunas otras instituciones financieras habían dado sus propios pasos hacia la quiebra, independientemente de Lehman. Además, había bancos en esta situación en el Reino Unido, Irlanda, Bélgica y Francia. El colapso de Lehman Brothers no había generado sus problemas, pero a todo el mundo le gusta una historia simple, fácil de entender, y no había dudas de que Lehman era, de todos, el que peor había hecho las cosas”.

Paulson se defendió, aunque trató de no romper el buen clima que debía permitir la coordinación de esfuerzos. Mervyn King le echó el capote que necesitaba, al mencionar que Lehman era la causa inmediata, pero no la fundamental, de la situación de crisis.

Finalmente, el G-7 emitió un comunicado concretado en los siguientes cinco puntos:

“Take decisive action and use all available tools to support systemically important financial institutions and prevent their failure.

Take all necessary steps to unfreeze credit and money markets and ensure that banks and other financial institutions have broad access to liquidity and funding.

Ensure that our banks and other major financial intermediaries, as needed, can raise capital from public as well as private sources, in sufficient amounts to re-establish confidence and permit them to continue lending to households and businesses.

Ensure that our respective national deposit insurance and guarantee programs are robust and consistent so that our retail depositors will continue to have confidence in the safety of their deposits.

Take action, where appropriate, to restart the secondary markets for mortgages and other securitized assets. Accurate valuation and transparent disclosure of assets and consistent implementation of high quality accounting standards are necessary”.


José María López Jiménez

Especialista en regulación financiera. Doctor en Derecho

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